Pero al fin, si es amor…

cruzará huracanes y tormentas….

por fin alejarme del tiempo perdido, del tiempo mal usado, de la ofensa por la ofensa.

a reponer fuerza frente al mar, a pensar y pensar en pensar.

a ver el sol que entra por el hueco, y baja llevando el dolor, mientras dibuja una serpiente emplumada.

mexico está ahí, eperándonos, de brazos abiertos,

el mar color azul verdoso, o verde azulado, turqueza o agua marina, justo para combinar con mi pelo, que se alegra por el homenaje. o al revés, que es más posible. 

ya nos veremos en el paraíso. ya está más cerca. no dormiremos, estoy segura. pero mañana, a esa misma hora, estaremos frente al mar, bendiciendo nuestras vidas, bendiciendo lo lindo que es vivir. una ode al amor, al buen vivir, sin remordimientos, sin rencores, abandonando hoy, aquí, todo lo que nos hace mal.

para que vivamos, felices.

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Aprende-se a conviver.

De a poco y bien despacio…
Y ya sabés como es… Estar con alguien no significa que asi de un momento a otro viven juntos y “yastá!” es una maravilla. No, no es verdad. A veces se sufre un rato largo, porque sí. No nacimos juntos, no crecimos juntos, no somos hermanos. Y aún con nuestros hermanos la cosa no va asi como uno quiere y piensa.
Aunque lo hagas por amor, no siempre es la forma exacta para hacerlo. No sos virgen, y el otro tampoco, y en eso ya nace un problema. Tenés recuerdos, tenés fotos, regalos, cosas que por ahí son algo de basura, algo de cosas que guardás sólo por olvidarte de desecharlo, y lo vas a pagar si no lo hacés. Son cuentas de teléfono… Grandotas, llenas de llamadas internacionales. Porque yo he gastado un negro con pito y todo con cuentas de teléfono. Son fotos que tiraste al inodoro (¿acaso tiré alguna foto al inodoro? si, papi, si) Son las remeras rotas, las tangas horribles que se te regaló aquél despreciable con quien tuviste un horrible noviazgo por largos dos años y que te hicieron quedar vieja y fea. Todos tenemos recuerdos, todos. Nacemos y ahí están luciendo:  recuerdos. Unos nos dejan con vergüenza, puesto que salen así nomás de los cajones que los guardamos hace algunos años. Y miramos a estos recuerdos, feos, pesados, grasos, asquerosos. Tu compañero te mira y te dice: “¿Era tu novio ese trapo de piso???” Y con esa cara desgraciada de que se te descubrieron una cagada decís: “Sí, mi amor, sí” Para enseguida escuchar: “No te da vergüenza, enserio??” Y contestás con toda la sinceridad que tenés “Y, ¿cómo no?”. Porque uno sabe donde está y con quien. Yo particularmente tuve que aprender a convivir con eso de los fantasmas, y aun siendo espírita me daban algo de miedo. Exes locas, con nada de amor propio, nada de nada, intentando matarte por pavadas, por niñez, por estupidez… Después del golpe, de la rabia, se me vino algo de compasión, de remordimiento, qué se yo.. Intentar lastimarme es normal, puesto que seguramente me mostraba que me quería ante todo. Y me lastimó, si, demasiado… Entonces he usado esa lástima para fortalecerme y pude vivir, adelagazar, insinuarme para otros hombres, y descubrir que me importaban un carajo. Y listo. Pasó. Fantasmas son fantasmas y el exorcismo nos hizo muy bien.
Uno a veces apreta el tubo de la crema dental por el medio, mientras a ti te parecería que el correcto fuese apretarlo por la punta, ¿no? Pero el otro no hizo para molestarte, lo hizo porque es así que lo hace… Simple. No estás acostumbrada a arreglar  la casa, porque siempre tuviste mucama, porque cocinás por deporte, y solías dejar las bombachas tiradas al piso… Y ahora, si las tirás, las tendrás que sacar… Hay que arreglar, hay que colaborar, y vos sos un pozo de pereza, y eso te molesta, porque no sabés hacer eso de ama de casa, de mami, y ok, tranqui, ya lo aprenderás.
Incluso las hermosas lo saben hacer. Lo sé por mi…